*Los pájaros y el bosque*


 Un día al pájaro se le olvidó cantar; en su cabeza tenía la música, pero había perdido la expresión; solo oía la canción en su interior y las gentes del pueblo, de los mayores a los niños, se miraban sorprendidos ante el silencio manifiesto. 

El bosque no era lo mismo sin la musicalidad de los pájaros. Se perdió la viveza y la alegría del lugar, proliferaron las procesionarias y los árboles fueron muriendo. 

La tierra perdió las raíces que la amalgamaban y comenzaron a desmoronarse los montículos y a caer la tierra y las piedras, taponando el cauce del río, que se convirtió en un desordenado paso de las aguas de las lluvias torrenciales. Se anegaron los cultivos y la ciudad no pudo sostenerse en pie. Murió una gran cantidad de gente y solo quedaron unas pocas personas que apenas recordaban el canto del pájaro. 

Alguien lanzó la idea y fueron a buscar al hombre que plantaba árboles, pero ya no vivía. En el bosque alto que él había creado había pájaros; estudiaron cómo había procedido y descubrieron que aquel bosque era el fruto de cincuenta años de trabajo contumaz, repetido y cuidadoso. 

Hoy, medio siglo después de aquel día, los pájaros vuelven a cantar y los árboles libres de procesionaria nos cobijan y el viento silba entre las ramas; la ciudad vuelve a parecerse a la de antes con niños y grandes con mejores principios. 


 *B.M.*

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