*De gordos y gordas…*


Mi tía Finin, que, como todos sabemos, Finin es el diminutivo cariñoso, hipocorístico del diminutivo valenciano de Fina que deriva de Josefina o Josefa, que no sé la razón del emperramiento en hacer femeninos los nombres masculinos, no lo sé. 
 Una figura destacada, siempre lo hace el santoral católico, fue santa Fina de Gimignano, que le llamaban Serafina y le ponen veneración debido a su paciencia; eso dicen porque no hay datos ni spotlights de la época. 
 Volviendo a lo importante, volviendo a la tía Finin, puedo afirmar que en su momento su nombre la definía físicamente; creo que nunca sobrepasó los 48 kilos hasta que cumplió los 55 años. Ahí ya fue Troya, no sé qué hizo, pero comenzó a retener líquidos, eso decía ella, o a comer por tres, eso lo digo yo, y ya no hubo forma humana de abrazarla. Se casó ya de mayor, con Diego, y Diego y Finin fueron tocados por la libidinosidad del demonio; menos mal que Diego, que nunca bajó, conociéndolo yo, de los 130 kilos, era carpintero y remendaba continuamente la cama que partían por la mitad con sus idas y venidas amatorias. No es algo baladí lo de los kilos, porque yo que camino por el pueblo durante bastantes horas, puedo aseverar que la gente no tiene consideración con la estructura de cuasi animales trepadores que fuimos de homínidos y se ha tornado la figura humana, salvo honrosas excepciones y la juventud, en su mayoría, en dignos ostentadores de los objetivos: paquidérmico, ballenático y morsálido, tal es el grado de mantecosidad, adiposidad y rechonchicidad que ostentan, que decirle a alguien fofisano o gordibueno es una carantoña inmerecida. Recuerdo con hambre nuestros años de niñez con las costillas marcadas y la total ausencia de regordicidad, orondidez y adiposidad que contenía nuestro deambular posguerrero. Sé de buena tinta que el COI tiene en estudio competiciones adecuadas y adaptadas al grado de gordura ostentada por los atletas, que pasarían a ser llamados gordetas, para no herir susceptibilidades, porque gordinfletas es ya otra categoría y no suena bien. 

 ¡Ay, Finin, quién te ha visto y quién te ve! 

 Cuando ando por las aceras en el pueblo, miro de lejos si voy a cruzarme con alguien y si no vamos a caber, me cambio de acera, para no fustigar su ego, ancho, anchísimo, ego. 

 Ya ha aparecido, en Temu, para las tallas después de XXXXL la que lleva el signo del infinito, no te digo más… 

 *B.M.* 

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