*San Valentin*


 Hoy es 14 de febrero, hace un viento de 80 km/h, pero vamos caminando por la calle hasta que nos toca volver; hace demasiado viento. 

Y me pregunto al llegar a casa: ¿pero hubo alguna vez tantos enamorados como para tanta pastelería y tanta tienda de regalos? 
Que San Valentín me perdone, como yo le perdono a él por no ser santo, ya que es un invento, como yo lo soy, pero ha tomado un protagonismo comercial que para sí han querido El Corte Inglés y Galerías Lafayette. 
Que si el 14 de febrero, que si varias versiones para cristianizar el hecho de las Lupercales, la fiesta romana en honor de Lupercio (Fauno) dios de la fertilidad y protector de los rebaños. 
Los Luperci, sacerdotes, sacrificaban cabras y un perro y después corrían semidesnudos por la ciudad, azotando a las mujeres con las tiras de la piel de los animales para invocar la fertilidad. 
Gelasio I, papa, prohibió esta fiesta pagana en 494 y la sustituyó por la suave celebración de San Valentín. 

Yo empecé a escribir este relato hasta Galerías Lafayette y mi amiga Rosa me ha cogido de la mano para pararme y me ha susurrado al oído, como solo ella sabe susurrar, que si pongo lo de San Valentín, en plan romántico, me da un regalo de aceite y movimientos telúricos. 
Yo lo escribo tal cual ella dice por si se tercia algo bueno. 
No es la parte libidinosa la que me inclina a escribirlo, creédme, sino la ecuanimidad, porque a 1500 años de distancia de las Lupercales, me siento indefenso ante los susurros del San Valentín de colonias y dulces de Rosa. 

Veremos cómo se porta el santo, que ahora ya veo que es menos inventado de lo que creía hace un rato… 

Somos débiles como los juncos lo son ante el viento… 
Ahí me duele… ahí… ahí… pon aceite… aceite… 
Débil es la carne y la condición humana… 

 *B.M.*

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