*Panegirico*


 Los ritmos de un pueblo se producen y se palpan por edades, por sectores y por aficiones. Si sales temprano de casa, como yo salgo, puedes encontrar poca gente callejeando, y si llevas las noticias que te interesan aprendidas desde casa, no hace falta preguntar por sucesos ni por las esquelas del día. Pero siempre hay algo que llama la atención, o por la inmediatez del hecho, o por la voluptuosidad del evento, o por la trascendencia política, para bien o para mal. 

Mueren los mayores generalmente y se hacen comentarios, críticas y reproches, según quién y cómo fue el trato recibido. 

 En un pueblo algo alejado del mío murió una persona una de estas semanas. Es un personaje que participó en el mundo industrial y el político. Yo no le conocía en profundidad, pero asistí a una comida, en la que había gente de su entorno y, cuando me pongo a escuchar, escucho. 
Y escuché… Yo no recuerdo una crítica tan mordaz en mi vida. La corrosividad, la virulencia de los epítetos vertidos hubieran sido adecuados para agregarlos al guion de “Malditos bastardos“ sin desmerecer un ápice el nivel del libreto. La prensa sacó un panegírico que, dado el conocimiento de los comensales y el mío propio de esa persona, más parecía una caricatura malintencionada que la realidad. Decían los comensales que nada, excepto las fechas, era verdad. El panegirista pagado por el partido político se pasó de frenada y casi quedó en diatriba por la insustancialidad y la falta de verdad que se detectaba en todo el recorrido. 
 Unos decían que se emborrachó de dinero negro y pasó a ser mecenas de restaurantes y lupanares,  haciendo ostentación inadecuada de poderío económico y de abuso sobre las personas que le rodeaban. 
Siempre llevó un séquito que le riera las gracias, naturalmente, todos invitados. A su mujer le hizo pasar desprecios y penalidades y acabó en una más que notable ruina. Con un carácter agrio y sin amigos. 
 Descanse en paz, dijeron los más, refiriéndose al descanso que dejaba su ausencia obligada; yo me callo, no le conocía bastante como para opinar.  

*B.M.*

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