*Mi vecino Vicente*
Ginny, mi gata mayor, creo que a veces intuye algo de lo que voy a escribir, que no le gusta; se sienta encima del bloc… ¡Con la cantidad de sitios que tiene para sentarse! Y entre ella y el Bic, abortan parcialmente lo que iba a plasmar en el papel. Hoy, con el viento en calma, me he despertado con la sensación desagradable de los momentos que vivió mi vecino, buenísima persona, Vicente, al que dieron una paliza en su casa para robarle, y a la mujer también, con cerca de 80 años los dos.
A mí que me perdonen los dioses de las posadas y de los bares, pero cuando veo a gente uniformada de verde o de azul, en el bar almorzando, algunos con vino y carajillos a escondidas, se me cae la longaniza en la ceniza, que decimos aquí; en valenciano suena mucho mejor. Los he visto hacer durar el almuerzo una hora, sin problemas, con armas en el cinto, y no es que no tengan derecho a almorzar, pero queda como un Cristo con dos pistolas.
Y si vas y te pones a pensar que lo de Vicente ocurrió a la hora del carajillo, pues ya se complican las cosas.
No lo veo… ¿Qué necesidad hay de que cuatro agentes estén sentados en el bar, con vino y carajillo algunos, mientras Vicente está desprotegido? Pues eso…
Si eres representante de la ley, estate atento en tu sitio. Representante de la ley con 0,0 % de alcohol en sangre, y digo representante porque los he visto que se creen ser la ley, como los de Trump, aunque no hay que ir tan lejos para ver gente así; pregúntale a Fernández Díaz, que menudo personaje tenemos sin enjaular.
¡Ves cómo lo de Vicente no tenía razón de ser! Pues eso…
Este es un relato sin acusar a nadie en concreto; cada cual ya sabrá si va con él o es un avatar…
*B.M.*
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