*Lapsus linguae*
Miré las ofertas de las universidades a distancia, no demasiado lejanas a donde vivo, y vi que no ofrecían la carrera que yo pretendía estudiar, yo buscaba una carrera que se llamara subjetividad objetiva, o si no tenían esa la de objetividad subjetiva, para poder encuadrar las cosas que me faltan por ver desde puntos observables absurdos y nada noticiables, porque por la vista y el sentido común no soy capaz de responderme a preguntas que aún no me he hecho, pero que están viniendo con la rapidez con la que viene la galaxia Andrómeda hacia la Vía Láctea, que va a 350 km/s, solo le faltan unos 5000 años para que se encuentren en un cóctel que ya le llamamos Lactómeda, después de esa melange, habrá un proceso de cambio de miles de millones de años al que si se me concediera el gusto, me gustaría poder asistir, aunque fuera en mi versión de gato galáctico, que es un modo de existencia que está en proceso de aclimatación.
Como no tengo carrera a mi gusto por delante, voy a releer lo que llevo leído, que no es mucho; aunque me hago la ilusión de que comprendo frases largas sin mirar el diccionario, yo vislumbro las palabras por descarte, las desmenuzo hasta que creo saber lo que significan.
Ayer en la clase de conversación de francés les conté en un lapsus linguae que el jueves hablé con Zenón de Citio y, como no le conocían, tuve que explicarles los principios del estoicismo. Cuando les dije lo de que la virtud es el único bien y que la máxima clave es “Sustine et abstine”, que condensa el vivir conforme a la naturaleza y dominar las pasiones, se perdieron entre las ideas y tuve que contarles un chiste para que aterrizaran en su mundo, mundo maltratado por Trump y compañía.
No me vuelvo a meter en esos berenjenales otra vez, nunca más… Cada cual a lo suyo.
*B.M.*

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