*La guerra de las sonrisas*


 Como no había forma de aclarar la situación y no se resolvía la problemática que tenían los jubilados, resolvieron dejar de hablar; se centraron en practicar un idioma inventado, feísimo, una mezcla de chino, mandarín y polaco, con las declinaciones del alemán y las vocales del quechua. 

Hicieron votos de disciplina y los que, a pesar del empeño, no lograban dominarlo, callaban, como calló el célebre misionero que se inventó que se había cortado la lengua para no blasfemar; ese fue el padre Emaldi, un timo de los 60-70. Pingües beneficios sacaron llevándolo de colegio en colegio y de seminario en seminario y de pueblo en pueblo.  

¿Qué pedían los jubilados? Pues un poco de lo mismo que debían darles, pero esta vez nadie les entendía, no hablaban, solo se manifestaban a golpe de sonrisa. Que los jueves les daban para almorzar sardina de bota, pimiento verde y huevo frito con puntilla… Pues sonrisa sin mediar palabras. 
Que el sábado les daban all-i-pebre… Gran sonrisa. 
Que el vino subía de categoría y pasaba de crianza a reserva, sonrisa, y si pasaba a gran reserva, gran sonrisa. 
Además de las sonrisas, comerciaron con los votos y con la cerrazón de las libretas de ahorro. Un comité pasó las normas a los bancos: nada de comisiones, ni de horarios, ni de citas previas y el interés del dinero a la vista, al precio que cobraba el banco por las hipotecas menos 1 punto. Paridad en los gobiernos y comités interdepartamentales para decidir cualquier cosa, presididos por jubilados de nivel alto y medio. 

Es fácil hacer las cosas bien si lo intentan las partes implicadas; lo del idioma es para despistar... 

 --¿Thxangionchegakc? 
( ¿Te has enterado?) 

 *B.M.*

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