*Amistad de años*


 A su mujer le habían diagnosticado, no sé qué exactamente, pero al parecer no era nada bueno. ¿Qué podía hacer su amigo que no era médico, ni químico ni científico? Tan solo había estudiado letras y no todos los cursos, porque tuvo que ponerse a trabajar para ayudar en casa. Les había unido la mili en El Aaiún y después una novia común que les hizo reñir por celos, pero volvieron a la amistad al cabo de los años, cuando ella se casó con otro. 

 Cada mañana le enviaba un escrito y un extracto bancario para alegrarle la vida. Los escritos estaban asimilados a los pasajes de inventadas situaciones rocambolescas, hoy en Venecia, mañana en París, al otro día en Granada, que le distraían del monótono quehacer diario en el cuidado de su mujer. 
 La magia de los extractos era el resultado de una inversión pequeña en los primeros días de los bitcoin, que subió exponencialmente al punto de llegar casi a las siete cifras. 

 Un día, los dos, cogieron una libreta, hicieron balance de una vida de trabajo y de relaciones más o menos buenas, y de cuestiones de amor y de dinero, y vieron que el mundo no es cosa de risa ni de diversión y, en cuanto te das cuenta, ya estás viejo. Y decidieron que cada día a partir de ese iba a ser un vivir pleno. ¿Por qué no? 

 Es la crónica de una vida y de un rato, todo en un mismo paquete. 

 *B.M.*

Comentarios

Entradas populares de este blog

*Hermano*

*El Madrigal, el nostre troç*

*Viaje eclesiástico*