*Vida práctica*


 Por un error burocrático, a Manuel le dieron la plaza de guardagujas en la estación de Morella, por la que nunca pasó el tren, ni hubo intención de trazado alguno de vías en ese precioso lugar. Él aceptó; no tenía otra solución y tomó posesión de un inexistente nudo de comunicaciones. Le enviaron el ropaje y los utensilios de trabajo, el banderín rojo, la gorra, el pito y la linterna de señales de queroseno. Como Manuel vio el sombrío panorama de su futuro, ni desembaló lo recibido y fue al notario a levantar acta de la fantasmagórica situación que se le presentaba. Era un hombre de convicciones y cumplía su horario a rajatabla y rellenaba el tráfico cero que pasaba por su no estación. Tres años estuvo Manuel registrando y enviando sus partes a la central; en ese tiempo, no hubo recambio alguno para él, ni permisos para vacaciones. Durante los primeros días del segundo año de estancia nació su hija Manuela. Un día Manuel recibió un telegrama que le ordenaba personarse ante el jefe de control regional. Allí marchó y escuchó que tenían intención de amortizar su puesto y él dijo que estaba de acuerdo en el traslado y que solicitaba las vacaciones no efectuadas en todo el tiempo y el permiso por nacimiento de hija que tienen reconocido los ferroviarios. Les sorprendió a los jefes el conocimiento tan exhaustivo que tenía Manuel de todo lo concerniente a su cometido. Le propusieron Vinaroz y aceptó. Manuela, su hija creció y estudió y se enamoró del mar y marchó a Tarragona a la Universidad Laboral y volvió con el título de práctico de puerto; se le quedó pequeño Vinaroz, marchó a Tarragona y de allí pasó a Barcelona, al empequeñecer Tarragona ante sus cualidades y capacidad operativa. Hoy Manuela es jefa de prácticos en el puerto de Barcelona y ha desarrollado las técnicas PSC que se utilizan en Rotterdam y Odessa. Si el tren hubiera pasado por Morella, la técnica PSC de atraque y salida inventada por Manuela y patentada en todo el mundo no existiría a buen seguro. 

Las oportunidades se dan a personas de valía si no se quedan dormidas. 
 Un altísimo porcentaje, si se me permite la licencia de decirlo, un altísimo porcentaje de políticos españoles y europeos, desde su melifluez, nunca hubieran ido a Tarragona ni a Barcelona ni hubieran inventado nada que no fuera a cobrar comisiones y prebendas de trabajos ficticios, dicho sea con el debido cariño a ese gremio de iluminados. 

 *B.M.*

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