*Veranos libidinosos*


 La desincronización en el proceso del ritmo de la educación de España en la posguerra respecto de los países y lugares situados de Lyon hacia arriba dio como consecuencia directa en nuestro pequeño mundo de la Plana Baixa que, ante la llegada del incipiente e incesante turismo a una España rural y agrícola, sin infraestructuras que pudieran ubicar el número ingente de franceses, belgas e ingleses que fueron llegando, no hubo otra que ponerse al día en cuanto a campings y alojamientos diversos.

 Los hoteles tardaron en florecer, pero se atendía a todos a nuestra manera de pueblo curioso y acogedor, y vinieron un año y repitieron al siguiente por lo barato que les resultaba y por la bondad de los acogedores, que se dejaban embaucar fácilmente ante unas pantorrillas, traseros o delanteras que aquí estaban prohibidas por la censura puritano-fascista del momento. 
 A mi pueblo llegaron amigas, que antaño tuvieron raíces aquí, llegaron desde Inglaterra y venían ellas para tres meses y los maridos llegaban para un mes al final, lo cual daba para muchas relaciones amistosas o pecaminosas, por el fuerte contenido sexual que se liberaba. 
 En donde yo vivía en la playa, en apartamentos de segunda fila, desde los que se veía y olía el mar a cien metros, en el piso superior vivía una familia inglesa que usaba el sistema de venir tres meses las mujeres y el último mes el marido. Cuando yo no hacía falta hablar porque nadie de aquí sabía inglés y ellas conocían poco español, pero ya habían intimado lo suficiente para que las mujeres liberales de 45 años se encamaran con muchachos, chicos, de diecisiete, dieciocho y poco más años… 
 La lujuria clamaba al cielo con sonidos  inenarrables. 
Como el piso era compartido por tres mujeres inglesas, utilizaban un método para no invadir la intimidad de las cúpulas ajenas y en la puerta de entrada, visible a más de cien metros, se colocaba en la persiana al lado de la puerta del apartamento, una toalla grande de baño que tenía la bandera de Inglaterra en toda su extensión, con lo cual se avisaba a los que iban a llegar de que no debían acercarse al lugar en ese momento, al modo como los barcos, llevan en su pabellón izado el estandarte que define su condición y procedencia. Un número grande de jóvenes recibieron el bautismo libidinoso de manos, bocas, piernas y entrepiernas de la, en este caso, nada pérfida Albión. 
 Todos quedaban contentos: los objetos agentes por su implicación, los maridos ausentes por su condición de creyentes de la condición de fidelidad de sus alegres mujeres y los jóvenes copuladores por su incesante actividad de apertura hacia otras culturas de miras menos estrechas de las que aquí predicaba la iglesia reinante, desde los púlpitos amenazantes de diablos e infiernos que no hemos visto nunca por ningún lado. 
 La mezcla de gentes diversas permite acoplar los tiempos y los ritmos de copulas y culturas, dando lugar a calma, sosiego y paz…dicho sea con el debido respeto a quien tuviera merecimiento de ello. 

 *B.M.*

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