*Paris, pintura*


 El viaje era corto, dos horas; hubo turbulencias y nervios. 

 No ocurrió nada grave. 

 A la mañana siguiente, ya delante de La libertad guiando al pueblo, se percató de que no llevaba las gafas de ver de cerca; sus ocho dioptrías le impidieron disfrutar del cuadro como él quería, pero en su mente tenía a la libertad desnuda, porque es libre, como la verdad, no tiene nada que ocultar. 
Ahora corren tiempos raros, convulsos, como los de aquella Revolución de Julio. 
 Él se acordaba de uno de los significados de libertad: La libertad es el derecho de decirle a la gente lo que no quiere oír. 

Delacroix sabía de emociones. 
 
Estuvo dos horas acercándose todo lo posible al lienzo y, cuando dijeron que ya iban a cerrar, se tuvieron que marchar. 
Al salir a la calle, al tentarse el bolsillo interior, notó algo… eran las gafas; ya era tarde. 
 
Al volver a Castellón, se operaría con cirugía refractiva para quitarse las gafas; no se arriesgaría a lo de hoy; en dos meses debía volver con los impresionistas. 

Su hija, para distraerle del mal rato, le llevó a Charlotte a por la bouillabaisse que tanto le gustaba… 

 *B.M.*

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