*Paris, misa*
Cuando le preguntaron a Capablanca por qué había perdido la partida, dijo: El tacto de la madera de ese tablero de ajedrez no es el mismo del que tenía en casa. Estoy conjuntando posibilidades de estar bien estos días, pero creo que, como a Capablanca, me falla algo, algo se me escapa y algo no tengo a mano. Ni tengo mi Bic ni tengo mi bloc. Y aunque París me gusta mucho, algo noto. Aunque soy descreído, hoy he ido a Nôtre Dame, misa cantada, fila sexta, órgano y sermón y palabras claras; la instalación de sonido es buenísima y los fieles asistentes, entregadísimos. Mientras hacían la misa, miles de turistas paganos de entrada iban circundando a nuestro alrededor. Deben sacar una pasta porque las colas son impresionantes.
Había pensado crear una atmósfera de thriller respecto a la misa, contando que se había caído una viga del techo y había matado a tres de los seis celebrantes, pero me he reprimido porque no era día y aún está reciente lo de los canónigos de la “Capella del Calze” de Valencia. Está aún sub iudice.
Al salir de la Messe, he mirado hacia arriba de la torre de la iglesia, en la parte izquierda mirando desde la calle, para decirle a mi gárgola predilecta que vigile para que no vuelva a quemarse Nôtre Dame.
Voy a descansar porque mañana tengo que ir al desfile en los Campos Elíseos; comienza el año del caballo en el calendario chino.
Voy bien, cansado pero bien, y con Enrique IV, que tuvo la desgracia de ser Borbón, he dicho para mis adentros que París bien vale una misa.
*B.M.*

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