*Ley*
La naturaleza humana tiende, históricamente, a la contemplación… Sin ir más lejos, ahí tienes a Pascual Bailón, a Teresa de Ávila, a Ignacio de Loyola, como santos autóctonos de la Iglesia Católica “Ad maiorem Dei gloriam”, todos con fenómenos sobrenaturales, sin forzar nada: Bilocación, que es la capacidad de estar en dos lugares a la vez. Inedia, ayuno prolongado, viviendo solo de la eucaristía. Éxtasis y visiones, resplandores y perfumes… Estos viven en su mundo; hay otras especies que viven en un mundo “ad hoc” para ellos, solo para ellos; a veces esos mundos especiales ni los notamos ni hace falta. Cuando tienes sentido de comunidad, si ves que algo no va bien, y eres de la pasta de querer arreglar las cosas para todos, te implicas y no te limitas a contemplar. Es más cómodo no hacer nada, solo mirar, pero es más noble actuar, a pesar de que te van a tildar de metiche y de que “qué se ha creído este”.
Cuando, por casualidad, te ampara la ley, una ley que estaba ahí quietecita, medio olvidada y que solo funciona cuando alguien tiene conciencia de comunidad y denuncia, y logra que se abran expedientes incriminatorios a quienes dejaron de lado su obligación y logra, con la ley en la mano, que se arreglen bienes que son históricamente de todos, un soplo de satisfacción hincha el pecho y aunque nadie lo sepa, el que motivó todo, se siente honrado de poder, a la vez honrar la memoria de los que no querían que ese bien cultural, fuera olvidado…
*B.M.*

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