*Groenlandia*
Va y se ponen a hablar del último mohicano, así, sin más. Con la implicación que conlleva la frase el último mohicano, no vemos ningún verbo por ahí; no es una oración, es un rótulo para un cuadro, para una pintura o una estatua. El mohicano va a desaparecer, lo han hecho trizas, saben que desaparece y parece que a nadie le va a importar, como así ha sido.
Yo, que soy natural de Nuuk aunque vivo en Villavieja, tengo un pasaporte que me delata; soy groenlandés, y tú puedes decir. ¿Y a mí qué me importa? Pues nada y mucho, te responderé, porque yo vine aquí por amor y tú estás aquí sin preocuparte de tu tierra, de la que ya te quitó Chicharro un pedazo para construir el puerto de Burriana, sin darte nada a cambio, nada. ¿Recuerdas? Pues ahora tengo metido yo el miedo en el cuerpo, porque esta Europa desaliñada y meliflua está dejando, sin oponer resistencia alguna, que los 56.831 groenlandeses tengamos el corazón en un puño, porque el Chicharro que vino allá, Trump, quiere comprar lo que no queremos venderle o, si no, invadirnos, así, sin más.
Yo vine aquí por amor y porque en Nuuk hace mucho frío, y ahora estoy que no gano bastante para papel higiénico, con perdón.
La suerte de Villavieja es que la cantera es de roca, pura y dura, que si llega a ser de algo que le interesara al ido de Trump, ya ibais apañados por muy valientes que parezcáis en el Bous al Carrer en Sant Xoxim y en Sant Roc…
A disfrutar…
Ring, ring, ring… ¿Diga?… ¿Que ya ha nacido mi sobrino?… Bueno… pues mira, ya somos 56.832 groenlandeses sufridores.
*B.M.*

Comentarios
Publicar un comentario