*El viaje*


 Y en esto un día va y te hacen un regalo y te vas de viaje, el regalo es el viaje, y sales de casa y dejas allí las cosas que utilizas habitualmente y ellas permanecen a la espera de que vuelvas o de que alguien las use o las consuma o las tire, porque en casa tienes cosas que no hace ninguna falta que estén ahí, cosas que hace años que no utilizas. 

En un flash, de pronto, recuerdas que tienes cincuenta calcetines, pares, y que la mitad o más están casi para tirar, y los sacas y los emparejas bien, y ves que algunos ni recuerdas qué pasó con ellos; hay varios sin utilizar, nuevos. Decides acabar el relato y después volver a por los calcetines y cerrar el capítulo textil de una puñetera vez, porque es la vez que ya hace diez que quieres cerrarlo y aún no lo has hecho. Ahí hay un tema filosófico sobre la posesión, Diógenes y el síndrome y la tacañería o vete tú a saber qué… 

El hecho es que te vas de viaje y es una idea gorda, porque ¿y si es un sueño? ¿Y te has muerto y no lo sabes y el viaje es el paso de la vida a la muerte y les dejas el marrón de tirar las cosas de tu casa a los otros, que no saben si tienes algún escondrijo con dinero o guardas secretos, porque pudiera ser como que tengas una doble vida y no lo sabes ni tú? Sí, una doble vida que representa la que deberías haber vivido y no la has realizado, y la aparente que vives como un actor de teatro de barrio, pero cuya apariencia ya te la crees y la llevas con la dignidad de un prealzheimérico, que aún no sabe que está en camino del desfiladero que nos lleva a la muerte a todos. 

Y ahora me viene a la cabeza la imagen de la zona de Tirig, donde los prehistóricos, que andaban mal de cuchillos, encaminaban a los animales de cuadrúpedos a un desfiladero por el que se llegaba a un precipicio y hacían caer al fondo a los pobres bichos. Los prehistóricos tenían allí abajo su despensa de cárnicos y pieles, porque en aquel tiempo hacía frío, más que ahora, y mataban regularmente, porque ni fuego tenían ni neveras para guardar la matanza. 

Todas las cosas son viajes o apariencia de viajes. 

Esa salida de viaje se asemejaría a la muerte si no volvieras, y has de saber que un día no volverás, y nadie está preparado para ese hecho real, y nadie puede maldecir el hecho de la muerte, que no tiene quien le cante algo bonito como una ranchera o un Te Deum alegre, si es que un Te Deum puede ser alegre. 

Y es que es noche y peso y fragancia como una rosa negra seca, y aparece en cualquier rincón, cualquier día o cualquier noche… 

Pero es un viaje...El viaje... 

 *B.M.*

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