*El silencio*


 Este es un vecindario tranquilo, calles de una sola dirección, no circulan camiones, todo señalizado, mucho Stop, un colegio cerca, la calle es apacible, aunque no hay árboles ni tiendas; hay un súper cerca, una parada de autobús a 100 m y, excepto dos motos, que hacen demasiado ruido, todo lo demás se puede aguantar. 

 En cuanto al tema de vecinos, piso a piso, todo es normal, exceptuando a la vecina de arriba; a esta señora le dio por la bebida hace años cuando aún no era viuda. A ella y a su marido subir a su casa por las escaleras les costaba, teniendo sesenta y algún año, les costaba, digo, dios y ayuda, porque llegaban hartos de vino. 
 A mí me lo han contado, no lo viví. 
Ella quedó viuda y continuó con su rutina de adoración a Baco; dicen, cuentan, que son 2 litros de vino la ración diaria; no está nada mal, sextuplica la mediana nacional. Vive sola con su pensión de viudedad y hace trabajos de limpieza en casas; no me imagino la situación limpiando, porque siempre lleva media chispa encima. 
Con ella vive, a ratos, un sobrino, desempleado de vocación y maltratador denunciado y gustador de sustancias. Como al infante de 45 años le falta siempre una peseta para el duro, tiene que sacar de la cartera de la tía, y ahí es donde está la madre del cordero de la situación y la clave para que la convivencia se vea alterada día a día, produciéndose choques con voz y datos. 
 Ha habido unos días de bastante movimiento en torno a Navidad, fin de año y Reyes, disputas por veinte o cuarenta € y las sillas han volado, los ruidos se han pasado de decibelios, gritos, insultos, y de pronto… el silencio… Hoy ya estamos a 22 de enero y no hay ni un ruido; para ser exactos, diremos que hubo un sábado de clímax semejante al final de la Marcha eslava de Tchaikovsky o a los 143,5 decibelios de Sleazy Joe. Y después el silencio… 
Hasta hoy nada de nada, y ahora estoy yo tan relajado y tan tranquilo, sin temer que igual ha ocurrido algo irremediable, y no lo sabemos… Por ahora, olores a muertos aún no hay…
 Esperaremos acontecimientos mientras nos dure la paz… 
 Yo voy oyendo el Lago de los cisnes, que se deslizan en silencio… 
Ay qué gusto… 

 *B.M.*

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