*El estornudo del muerto*
Felipe era muy rico, soltero; había heredado la hacienda de las tías célibes, además del legado de sus padres. Era una persona correcta, educada y un poco falta de carácter, lo que algunos confundían con un toque femenino; no voy a negar la evidencia, porque su cuarto de baño parecía una perfumería-farmacia Parisien, olía muy bien y daba la sensación de glamour y de carestía de porte; era algo exquisito aquello. Cuando llegaba al momento de arreglarse, pasaba no menos de una hora poniéndose mejunjes, cremas y potingues carísimos. Lancôme, Boss y Montblanc eran sus marcas preferidas. Solía ir no menos de dos veces por semana al fisioterapeuta y las malas lenguas del pueblo veían ahí una relación explícita, aunque él nunca lo contó a nadie. La sirvienta que iba a casa cada día estaba ya cansada de ponerse vestidos ajustados y escotes potentes para provocarle y cazarle. No hubo manera.
La mañana del día de Reyes, Suni, la sirvienta, fue como cada día a la casa para un arreglo global. Al entrar en la habitación, vio a Felipe desnudo sobre la cama. Felipe… Felipe… le llamó, pero él no respondía. Suni vio que la caja fuerte estaba abierta, miró y vio lo que a ella le pareció a cálculo directo: un millón de euros, tres relojes de oro y cuatro lingotes. Suni, junto la puerta de la caja sin cerrarla, llamó al 112, vinieron y certificaron lo que parecía un fallo cardíaco, le vistieron y salieron de la habitación esperando al juez. De repente, Felipe estornudó, un estornudo como un estertor de ultratumba… Suni cogió un cojín, se sentó sobre la cabeza de Felipe, que forcejeó mientras pudo. Suni era corpulenta y Felipe era pequeño. No pudo librarse del cuerpo de la chica. El estornudo de Felipe delató su vuelta a la vida; desafortunadamente, fue lo último que pudo hacer…
La vida de Suni cambió por el estornudo del muerto y por sus potentes 90 kg de peso…
*B.M.*

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