*Cagones a babor*


 Mientras estoy escribiendo esto, estoy haciendo ejercicio en una bicicleta estática; es mi ración de deporte porque en la calle llueve y la casa no está condicionada para dar vueltas en bici de carrera. Cuando viajas solo, hablas con poca gente, pero al menos yo pongo en marcha diálogos interiores y hablo con quien me apetece, como aquella vez que hablé en El Cairo con Amin Maalouf, sentado en la mesa del bar donde él escribió hasta conseguir el Nobel, y le pregunté sobre Samarcanda y sobre el Desajuste del mundo, porque ya lo decía él: nuestras civilizaciones se agotan y no tienen remedio. No escribimos los libros que queremos, ellos se escriben solos. En sueños, le pregunté a García Márquez, estaba yo de viaje por la República Dominicana, si la historia de vender el secador de pelo de su mujer para enviar al peso su libro a Argentina, a la editorial, no era un guion para otra novela. No me respondió porque me desperté; ese día había medio ciclón. 
Hoy he leído una idea que viene a redundar y corroborar que Europa es una banda de melifluos que solo fueron guerreros cuando pintores al pago los pintaban a golpe de doblón: mucha Ronda de noche, mucho Cuadro de las mil lanzas, mucha Rendición de Breda, y viene Trump y las fábricas de dodotis no fabrican suficiente material para tanto cagón como hay por aquí. La idea que daba este señor escritor que he citado es muy simple… No ir a jugar el mundial de fútbol a Estados Unidos, solo ir a Canadá y a México y volvernos, y como pondrá más aranceles, pues no acudimos a los Juegos Olímpicos a Los Ángeles. Que si el deporte une al mundo, el ido de Trump abusa porque somos, no nos engañamos, unos cagones de marca mayor… 

 Esto lo digo yo desde mis 75 años, porque a mí ya no me tocaría ir a la guerra y “pa lo poco que me queda de estar en el convento, me *ago dentro”.  

*B.M.*

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