*Burocracia*


 He comenzado el año con la empatía subida de tono; mi empatía marcha al ritmo de la cotización del oro, cuanto menos. No sé cuál es la razón, porque como lo mismo y bebo igual que antes de esta singular subida, no he hecho votos de nada y continúo siendo un pobre venido a menos, pero lo llevo con optimismo, lo cual ya es positivo internamente en su misma concepción. ¿Para qué me vale ese nivel de empatía? Pues, en principio, para creer en la gente y en la resolución de las cosas. 

Hay cosas que marchan bien, pocas, regular, un montón, mal, algunas y rematadamente mal, una o dos o tres, depende del momento en que lo mire. 
 Mi concepto de llevar a la práctica lo de que no debo regodearme de lo malo que no puedo resolver  me hace vivir en un estado de inconsciencia respecto a eso malo, por un tiempo; al cabo, si vuelvo a pensar, veo que está mal la cosa y sigue sin resolverse y sin visos de resolución, al menos en un tiempo potencialmente corto. Lo que no está bien habría que afrontarlo, pero ¿quién es el valiente? Yo no lo soy en ese caso, porque no soy el único ingrediente de la solución. Ayer sin ir más lejos me dieron un NIF definitivo para una asociación que estoy intentando llevar adelante y hoy me llaman desde Hacienda, de no muy buenas maneras, para decirme que me falta aportar un documento que me tiene que dar otra Conselleria, que es componente del engranaje de la maquinaria de las Consellerias que intervienen en la concesión de ese NIF y que están incomprensiblemente inconexas, y me dice la funcionaria de Hacienda que hasta que no me den el documento y lo aporte personalmente, lo que era ayer NIF definitivo, queda a la espera de que yo convertido en gestor de Hacienda, Patrimonio y Cultura les haga su trabajo para que ellos den el visto bueno a mi interpretación de papeles, permisos y pollas en vinagre. 
 
Soy optimista y la resolución total, es gracia que espero recibir de su bondad y magnanimidad, a quien Dios o Zeus, o quien quiera ponerse por delante, guarde a usted muchos años, para que pueda poner pegas por doquier, como así espero se las pongan a usted cuando tenga que operarse de almorranas, por decir algo suave. Pero con alegría, como me atendieron las ocho veces que he tenido que ir yo y, equivocándose ustedes, he tenido que ir remendando aunque no soy de ese funcionariado. 
Optimismo y alegría que no falten…
Ole y ole y olé… 

 *B.M.*

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