*Indemnización*


Como la política estaba como estaba, las gentes ya no reían ni se cortaban el pelo, había un desaseo patente, la moda les importaba tres cominos, aunque conviene recordar, en un inciso, que el comino, si sabes ponerlo donde debe ser añadido, mejora los guisos una barbaridad. No se oía música de calidad ni había genios componiendo. En Virgin, en maquetación comenzaron a lanzar las piezas musicales del final al inicio, y bien sabes que no es lo mismo oír un chimpún al final que el comienzo de una obra, por ejemplo, en el bolero de Ravel. Al modo actual se comienza despacito y acaba triunfalmente, y si lo oyes al revés, cuando llega el minuto 15 y te has dormido, eso no es serio. Cada cosa requiere un tiempo y un modo, y si quieres cosechar, debes plantar cuando es el momento propicio. Ante la falta de ilusión, gentes no iban a votar y los políticos no eran elegidos y, claro, no podían maniobrar en las arcas municipales y comportarse como Trump o Aznar o Mazón; no estaba bien visto. Dinero había, mucho dinero, y por ello pensaron los pensadores políticos que cuando las personas humanas llegaran a los 27.394 días de vida, se les diera esa cantidad en euros, a cambio del voto, dinero de bolsillo, que ni costaba en Hacienda ni nada, era para gastos superfluos, como los que tienen los políticos ahora en sus holgados bolsillos, y se les daba además un pase para ir a bailar los sábados por la tarde o ir al cabaret, a elección de cada cual. 

 ¿Le ha gustado así, padre? ¿O le cuento otro cuento diferente? 
¡Ay, hijo, cómo eres… Cómo sabes lo que me gusta. Así está bien, pero mañana me lo cuentas con chicas, con pelos y señales, que ya no me acuerdo de esas cosas…! 
 ¡Ay, cómo es usted, padre! 

 *B.M.* 

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