*Tiempo de silencio*
Como mañana ya podré decir, con certeza y sin mentir, que te lo conté el año pasado, te lo voy a decir hoy… Creo que te dije cuando hablábamos y hablábamos que no era prudente enamorarse, que no debías enamorarte de mí; me dijiste que de acuerdo, pero no, no lo hiciste, es decir, te enamoraste; decías que no, pero se te notaba demasiado que sí. Siempre dispuesta, atenta, expectante, esperando, pidiendo, tomando y satisfaciendo las necesidades amorosas a cualquier hora del día y de la noche; nunca hubo distingos en eso. Hablar cultamente de cosas interesantes, siempre cosas nuevas y novedosas, necesidades que se cumplieron. Todas se cumplieron. Tal vez hubo demasiada intensidad. Era como algo prohibido que se podía hacer cada día.
Dijimos: Cuando uno ya no quiera, lo dice y se acabó. Eso implicaba que no hubiera enamoramiento. Pero te enamoraste y no debía continuar aquello para que no hubiera sufrimiento o dejara de verlo. Nos distanciamos con el silencio más absoluto por testigo. Recuerdos bonitos de frases, momentos, clímax, risas y repeticiones por tu descubierta, hiperactividad y multiorgasmidad, terreno ignoto por tu monjil comportamiento vital hasta entonces. El recuerdo de risas y jadeos y después el silencio, como solo en Atacama cuando no hay viento se hace el silencio. Silencio de meses y meses y las vidas caminando por separado, pero algo une y un día, ayer, vuelves a escribir y te contesto y volvemos a hablar intensamente, de libros, de escritos, “Dime qué te parece esto”.
—Y... ¿Podrías ayudar asesorándome? ¿Quieres ser mi asesor? Dices.
—¿Cómo me vas a pagar? Digo.
--Con lo que quieras, menos con dinero… Dices.
Y quedamos para hacer como hacíamos y hacerlo al día siguiente, que es hoy. Pero después de esto, yo pienso, y pido dejarlo para el día ocho.
—¿Por qué el día ocho?
—Para que haya tiempo de pensar en si es conveniente o no…
—¿Te arrepientes?
--No, pero no lo tengo claro…
Entonces, mañana te contaré que hace un año ocurrió esto y veremos qué pasa, porque las relaciones a once mil km de distancia tienden a impregnarse del síndrome de Polyana y se idealizan, y con Madame Bovary, como dije ayer, era un relato, hay una insatisfacción crónica y eso no conduce a nada bueno. Nada es tan simple ni tan complicado que no pueda empeorar.
Mañana, según el santoral católico, es San Manuel y también San Almaquio o Telémaco, que hay que contar que era turco y que lo hicieron mártir por defender que no hubiese gladiadores; allí lo mataron, en el circo.
Esto lo cuento para bajar los grados de cabreo que pueda desencadenar la historia precedente, que si no fuera verdadera, habría que inventarla, porque tiene miga, aunque a mí me gusta el pan sin demasiada miga. ¡Ya ves tú!
*B.M.*

Comentarios
Publicar un comentario