*Silencio, se sueña*


 El momento de la noche, que a mí me pilla siempre de madrugada ya, a eso de las 5.00, ese momento donde todo duerme, se llama conticinio; pocos lo saben porque están durmiendo, pero es un goce no oír nada. 

 Plauto ya usaba esa palabra que a mí me da paz con el cúmulo de ausencias que conlleva. Es la hora de crear; para mí ese es el momento. 
Es muy llamativo que lo opuesto al conticinio sea el gallicinio, que es el momento en el que el gallo anuncia el amanecer. 
 Son momentos cultos; yo me quedo con el silencio profundo y total, un momento místico de quietud. No es una hora concreta, sino un momento, el instante en que la noche se hace tan profunda que todo calla. 
 Dice Manuel Vicent que los mejores momentos los ha vivido en su pequeña barca disfrutando de ese silencio que solo el mar te regala cuando está dadivoso. La contraposición a esa calma para mí fue en un crucero en marzo en el golfo de León con fuerza siete, en el que el cabreo de Neptuno hizo que se agotaran las reservas de Biodramina. El viento rugía y el barco se balanceaba de forma circense. El caso es que es el mismo mar con diferente humor. 
 Pero a veces, poseídos del síndrome de Polyana, tenemos tendencia excesiva a idealizar las situaciones, como explicó Eleonor H. Porter, para exagerar el bien y para el mal. 
 Habrá que sobreponerse y dejar el bovarismo aparte porque la insatisfacción crónica no conduce a nada bueno; mejor tomamos la senda de la calma y del conticinio; al menos yo sí lo voy a hacer...  

*B.M.*

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