*Riñas navideñas*
Por si no habías caído en la cuenta, te voy a dar una pista… Entre lo que tú crees que ocurre a tu alrededor y la realidad hay un trecho de varios eones, si quieres, que sean eones de pueblo, pero son eones. Tú piensas que las cosas son como tú quieres que sean, pero, ojo, amigo, coge distancia y siéntate y observa, nada es igual en tu mundo pensado e idealizado, sí, idealizado, tienes defectos, que hasta los que más te quieren ven, y no te los cantan para que no te ofendas y vivas plácidamente los últimos 3, 8 o 50 años que se te ocurra aún vivir… Y la vida tiene tintes y tonalidades que a veces no son agradables de manejar. Sin añadir mucho más te cuento que en el trecho que hay desde donde he comido hoy, día de Navidad, hasta donde vivo, he oído al menos tres discusiones familiares de esas en las que nadie para de hablar para que el otro diga algo, y el tono ya es tan alto que mañana no se les va a olvidar la forma y el fondo y sin decir que delante hay niños que de la ejemplaridad y el porte del hijo del rey emérito en el discurso de ayer no van a recordar nada, solo un busto que repite una cantinela insulsa que amodorra la conciencia de los que ya son adictos y hace que los demás apaguen el televisor, pero los niños recordarán la cara enrojecida con la que echas sobre tu hermana o a tu cuñada, que si esto o que si aquello…
Y el portal se iluminó y el niño nació para salvarnos a todos de las miserias de este mundo, sin saber que las herencias de esas tres familias que me pillan de paso a casa no estaban bien repartidas.
Fúm, fúm, fúm… y cuando sepas lo que significa, me dirás que la culpa es mía, porque te hace sospechar mi porte de descreído reconocido, aunque sea Caballero de Gracia de la Soberana Orden de San Juan de Jerusalén y Rodas y Comendador de Morella, que si no sabes de qué hablo, tampoco pasa nada…
*B.M.*

Comentarios
Publicar un comentario