*Regalo de Navidad*


 No sé dónde he leído que tienes la casa ordenada como tienes de ordenada tu cabeza; yo me sorprendo de vez en cuando para bien, por el orden que observo, con dos o tres parcelas malas que están enquistadas y ahí están sin arreglar; me sorprendo, porque no sacaría mala nota si se me puntuara, podría sacar un notable situado ya casi en la zona alta del término. Aunque no me preocupe eso en demasía. Tal vez esa manera de tener ordenado el plan de vida, con una moderación en las reacciones y un protocolo autoimpuesto de no responder a las cosas ni a las provocaciones sin haberlas sopesado antes, procurándome información y buscando la verdad y la solera de los informadores, me hace no acudir a mesas ni a eventos que no son de mi incumbencia. Toda esta perorata que estoy soltando puede ser producto de una alucinación y de la capacidad de ver visiones que ocultan la realidad, pero es muy difícil tener amigos capaces de hacerte rectificar si estás equivocado. 

 A los que no tenemos el don de la fe, nos toca fiar nuestras convicciones a la lectura indiscriminada de libros y textos de todo tipo. La dificultad estribará en saber si seremos capaces de sacar el fruto adecuado a esas lecturas o nos enredaremos con los adjetivos, que solo nos halagan con su colorido y riqueza semántica y creemos que es mérito nuestro lo que no es para nosotros ni de lejos.

 En casa, acabo de encontrar una caja donde hay más de veinte pares de calcetines, casi todos nuevos; no sabía de su existencia; voy a considerarlos un regalo de Navidad. Lo malo de ese hallazgo es que me hace pensar en si no tendré por dentro de la cabeza alguna caja, con cosas que no sé qué están ahí… y estoy con el temor de que no sean calcetines nuevos… 
Dime que hallas y te diré qué buscas…
¡Vaya fin de año me espera…!

 *B.M.*

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