*Mazo y música*


 Hay cantidad de música que me lleva de la mano y me asocia a cosas del pasado agradables. En el reciente parche mental que fue el COVID, la música me hizo tratar el tiempo de tú a tú sin bajar un ápice la guardia ni el ánimo y construir un muro de piezas clásicas que me hicieron ser feliz o al menos inconsciente. Mi conocimiento musical se amplió y derivó hacia piezas barrocas y autores como Bach, Vivaldi y Händel, hacia los clásicos Mozart, Haydn y Beethoven y los románticos Chopin, Brahms y Chaikovsky y Verdi y los modernistas como Stravinsky, Debussy y Strauss. Nunca me quedaría con uno solo; todos y cada uno de ellos tienen algo diferente y que busco para vivir, consciente o inconscientemente, casi cada día. El estado del alma me pide a Mozart, Vivaldi y a Chopin, y mi cerebro dibuja el paisaje por el que vago y voy repitiendo estrofas enteras, porque me saben a poco en cantidad los momentos sublimes. 

Nunca olvido el Lacrimosa, la Primavera de Vivaldi o el 21 de Chopin. Cada pieza es única e irreemplazable; ahora voy a escuchar el Réquiem de Mozart, que los tiempos andan resueltamente confusos y confusamente resueltos a complicarnos y en esa confusa resolución me hallo y no acabo de resolver nada, como queda patentizadamente de manifiesto. 

Todo esto teniendo en cuenta mi nula capacidad para el violín y la pesca submarina, como ya te conté repetidas veces, aunque soy un consumado maestro haciendo all-i-oli.


 *B.M.*

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