*Mañana de domingo* VII
Mañana de domingo… Antes de ir a la catedral, Blai, analizaba en el portátil las fotografías que había tomado con láser de las paredes, y veía, ayudado por la IA que había en ambas, un patrón que se repetía y que resultaba visto a distancia la proporción áurea, usada ya desde los griegos: 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34. Blai vio que donde sonaba diferente la pared era en la zona en la que la espiral se enrosca con los números 1, 2, 3, 5. Ahí debía estar la entrada.
Con esta premisa bajaron Irma y Blai otra vez al pasillo y, efectivamente, con un estilete fino, la pared fue atravesada, como si fuera pan tierno, por el minúsculo agujero. Blai introdujo una cámara con punta de luz y una estancia como la descrita en el dibujo de la pequeña sala apareció en la pantalla; se podían ver al frente y a la derecha y a la izquierda, una especie de lingotes o piezas metálicas de diferentes tamaños y de colores dorado y blanco y unas piedras azules y rojas. Irma hizo las gestiones para que la casa del obispo, enfrente de la puerta Dels Lleidatans, fuera precintada, puertas y ventanas, y que construyeran una doble puerta metálica y que le dieran las llaves y que el órgano de la capilla del Santo Cáliz, fuera también asegurado para que nadie pudiera acceder, dejando así expedito el recinto para continuar su labor religiosa y turística. A mediodía del domingo ya estaban todas las instrucciones cumplidas y Blai ya había abierto un orificio suficiente para acceder al interior de la pequeña sala. Convenientemente iluminado el recinto, se hizo un primer inventario de piezas metálicas y minerales, al igual que se reflejó la aparición de una bolsa de cuero, con tres libros, que Blai dijo que dos de ellos estaban en árabe clásico y un tercero en arameo, lengua de la cual él tenía algún conocimiento. Irma hizo llamar para el lunes, porque hoy ya era tarde, a dos miembros de la policía científica, especialistas en metales y minerales, y Blai llamó a su hermano Pascual, que es químico, para venir también el lunes. El inventario relacionado con piezas y peso decía así: 38 kilos de piedras azules, 21 kilos de piedras rojas, 170 kilos de metal dorado en 340 piezas de medio kilo. 182 kilos de metal blanco en 364 piezas de medio kilo. Una bolsa de cuero de cinco kilos con 710 monedas, al parecer tetradracmas. En el sótano donde está la habitación con las piezas, el aire no es muy bueno y Blai está un poco asmático; habrá que salir y descansar. Salen a la calle, se van a casa, ducha y a cenar; hace buena tarde-noche y cenan en una terraza, son poco comedores, pero comen sano, comen y hablan de todo, son amigos de tiempo. Necesitan distraerse porque son muchas cosas, mucha información en poco espacio de tiempo. El camino de la investigación sobre los posibles autores materiales de las muertes se verá mañana por la tarde. Cuando iban volviendo a casa ya anocheciendo, les pareció que les observaba alguien desde un piso alto; al levantar la vista vieron cerrarse una cortina, tal vez sea el cansancio que les hace ver cosas irreales, en realidad nadie debe conocer lo que tienen entre manos.
Irma y Blai hablan de cosas livianas para relajarse. Dos patinetes eléctricos por encima de la acera casi les atropellan… Mejor llegar a casa, ya…
*B.M.*

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