*Felicidades*
Ya han pasado 250 años desde que Cadalso publicó sus “Cartas marruecas”, en las que criticaba a la sociedad española del siglo XVIII. A través de la mirada de Gazel, se plasmaron los defectos y contradicciones de la sociedad del momento con la intención de promover un cambio. Hoy siguen tan vigentes aquellas cartas, que se pueden leer como si las hubiera escrito yo hace dos meses o ahora mismo. Las cartas tienen el don de poder ser leídas o no; además, entre mi intención al escribir y lo que tú recojas al leer, puede haber varios eones de distancia por poner algunos pocos kilómetros de por medio. El momento, la intención, el conocimiento del tema, la profundidad del análisis y la corrección en la descripción van a ser importantes, pero sobre todo me atrae la intención y el poder de convicción. Si yo tengo la finalidad de felicitarte y desearte cosas buenas en abundancia, no me andaré por las ramas. Si quiero echarte en cara algo, puedo adornar las líneas para herir demasiado, o bien ir de forma cruda y directa. Pero cuando llevas mucho tiempo escribiendo cartas a alguien o a miles de alguienes, el conjunto es lo que va a contar; no valen los cabreos de última hora. Si entre tus defectos y tus virtudes ves algo que no quieres que se manifieste, púlelo, porque por mucho adorno que le pongas... a un burro, si le tocan donde no deben, rebuznará…
La fórmula que más me gusta para felicitar es “Per molts anys”, porque ahí van metidos todos los sentimientos y sin fecha de caducidad.
Yo recuerdo a Astérix y a Obélix delante de las pirámides y en conversación con el arquitecto que iba diciendo… Caerán, caerán… Y Obélix respondía: ¿Quieres que las quitemos y pongamos un menhir? No, déjalas, ahora ya están hechas. Esperemos que estén ahí… Para muchos años… j
Pues eso, Per molts anys… A mi hermano, para que dure, per molts anys…
*B.M.*

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