*El tren de los perros*
Conozco un bar donde hay una zona en la que se reúnen los viejos; son unos once a día de hoy; entre los once superan los ocho siglos. Yo los observo a veces y me da la sensación de que están resignados, como esperando, solo eso. Sus convicciones están enquilosadas, no hay ánimo de cambio.
Si fueran sinceros y les preguntaras: "¿Qué haces ahí?", deberían responder: Aquí, esperando la muerte. No, ese no es el camino. Por eso les dejo y me voy y cojo el tren; el primero que pasa me da igual adónde vaya, porque solo voy a observar.
Subo al tren y veo que la gente se sienta en el suelo y pone los pies en los asientos; es incómodo, pero como todos ponían los pies en el asiento, han cambiado las normas. Me voy a un vagón mixto donde hay más perros que personas; la norma aquí es que hay que ponerse alternados, perro, persona; pasan dos minutos y todos hablan con todos en voz baja. Sonríen y se les ve disfrutar de la convivencia. Aquí da gozo estar, en el bar de los viejos; no, allí en cualquier momento puede ocurrir una desgracia.
Y en eso me despierto, y aun estando en la cama leo la noticia de que el tren descarriló y entró en el bar; no hay sobrevivientes, menos mal que yo no estaba allí en ese momento.

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