*Crecen y crecen...*


No sé en qué quedará todo esto, pero debo tener genes de proboscidio; no sé si es en sí una probóscide, pero a raíz del maltrato recibido por los pañuelos de papel, mi nariz, con motivo de un resfriado en el que podría decirse que fluyeron aguas como en el nacimiento del río Mundo, al secarlas repetidas veces, las narices se han hinchado y están como alejándose de mí; están ya muy cerca del espejo y yo sin bizquear las veo avanzando, potentes, como si quisieran llegar a algún lugar antes que yo. No hay anunciada ninguna competición, que yo sepa, para la San Silvestre que congregue a las narices, pero me escama que mi cuerpo vaya por libre a hacer funciones que nadie organizado con mi anuencia y respaldo. 
Es bien sabido cómo partes del cuerpo crecen a partir de ciertas edades; por ejemplo, las orejas van a su aire, la papada, las bolsas de los ojos, crecen pelos donde no los hubo nunca y fluyen lágrimas sin ton ni son. 
La tersura desaparece y los pensamientos se ralentizan. 
Si no fuera porque no hay educación por las calles, plazas y vagones de tren y nos cedieran el paso o el asiento, creeríamos que somos viejos, mayores, ancianos o impedidos, pero ellos no saben cómo somos parcos en dispendios y sabemos comer como pajaritos, atesoramos conocimientos y dineros para aburrir al maestro armero, que cuando éramos pequeños era el que más sabía y el que lo arreglaba todo. 
El universo se maneja en tiempos geológicos, el mundo normal en tiempo biológico y nosotros en tiempo resiliente. Le voy escuchando a mi amigo, sin cortarle su charla, y mientras me miro en el espejo que tengo delante de mí en el bar y voy constatando que mis orejas son casi asnales y la nariz también es larga. ¡A ver si es que nos han diseñado unos artistas falleros en plan cómico y no lo hemos sabido ver hasta hoy!
Di lo que quieras, pero a mí me hace gracia. 

 *B.M.* 

Comentarios

Entradas populares de este blog

*Hermano*

*El Madrigal, el nostre troç*

*Viaje eclesiástico*