*Avanza la investigación* X


 Con las ganas de declarar que les habían sobrevenido a todos a la vez, Irma pensó en que había que actuar con todos ya, porque era preferible hacer un trabajo con una calidad buena en un tiempo razonable a aspirar a la perfección, dedicando un tiempo desmedido. Reunió a todos, pero en habitaciones separadas; ellos no sabían que los demás estaban cerca y se les hizo las mismas preguntas simples a todos, después de oírles su exposición inicial, pensando que alguien metería la pata. Irma era de la convicción de que si alguien se equivocaba, no había que corregirle; él solito llegaría al camino sin retorno. 

 El móvil directo del dinero, venganza, celos u otro, habría que encontrarlo. 
 Mientras el equipo de Irma hacía la ronda de preguntas a cada uno de los declarantes, Irma trajo a Tulo, su perro, al que había adoptado después de que este perdiera la vista de uno de sus ojos por una explosión. Era un perro policía de rastreo y con este defecto ya no servía oficialmente, pero Irma le quería y le sacaba todo el partido y se hacían mutua compañía. Tulo le ayudaría a encontrar el otro lado de la puerta angosta. La debilidad del perro era la trufa y era capaz de olerla a gran distancia. Esa era la clave. 
 En la capilla del Santo Cáliz, al lado del órgano hay una puerta que da acceso a una capilla de las que son abiertas en la catedral, la de San Lucas. Irma mandó que abrieran esa puerta y el domingo por la tarde noche y a puerta cerrada, Irma, Blai y Tulo viajaron por el corredor que va paralelo a la puerta principal de la nave central de la catedral. Hay losas de desagüe en prevención de avenidas de aguas. Quitada una de esas losas por operarios, por ahí entró Tulo… Irma marchó a la puerta angosta y abrió un tarro de cristal con dos potentes trufas negras, relucientes, y esperó, auscultando con el estetoscopio la puerta. Dos minutos después oyó ruidos de las patas del perro, le llamó, y Tulo dio los tres ladridos que significaban que estaba al otro lado de la puerta… 
 Deshizo cada cual el camino y se dió por acabada la jornada, naturalmente, había otra entrada, el lunes seguirían, no hacía falta Pepe Aznar por el momento. 
 El resultado de las declaraciones de los fervorosos declarantes eran simples, claras y evidenciaban las ganas de quedar libres de sospechas, el lunes tendrían, los del equipo de Irma, las declaraciones de hacienda de los últimos años y los movimientos bancarios de cada uno de ellos. 
 De uno de los hermanos de Castellón se sospechaba por ciertas contradicciones, aparentemente inocentes en principio. 
 Casimiro estaba aún en el hospital y Cristina declaró que le había sisado una cantidad sustancial a su tío, canónico finado. 
 Los cinco canónigos se creían un poco por encima del bien y del mal. Todos tenían ya una edad bastante avanzada como para aspirar a algún cargo. Pero lo del año pasado con la muerte de uno de sus compañeros, a manos de su pareja sexual les ponía en el ojo del huracán. 
 Y detrás de todo esto estaba Blasa. Blasa significa lío, cuando ella llega a algún lugar, como ya ocurrió en Segorbe, en Poblet y en Roma, algún lío aparece al poco tiempo. 
No es lógico que se tenga que asociar su nombre a siete muertos en la zona de Segorbe, un cura en Nules y ocho canónigos aquí en Valencia, son muchos muertos para una sola mujer, y por el momento no está ni tan siquiera señalada. 

 *B.M.*

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