*Aprendiz de suicida* IX
Al entrar en el Clínico para ver a Casimiro, me he cruzado con una cara que he creído reconocer… No he caído en la cuenta de quién era hasta llegar a la quinta planta, habitación 543, donde el aprendiz de suicida está custodiado por dos policías. La mujer con la que me he cruzado en la puerta es Blasa, la mandadera de la catedral de Segorbe; donde ella aparece, siempre hay líos.
Hablo con los policías custodios y me dicen que la señora traía un permiso del juzgado para entrar a hablar con Casimiro.
—¡Sapristi! Os dije que no entrara nadie sin mi permiso directo. ¿Cuánto rato ha estado dentro?
—¿Qué ha hecho?
--¡Llama al médico, rápido, que le hagan una analítica completa!
—Es que era una carta del juez, dicen los policías custodios.
—Os dije que nadie… ¿No tenéis teléfono? —¿No podíais llamarme?
—Doctor, mira a ver si a este lo han envenenado…
Casimiro tiene mal semblante, los labios morados y la vista ida… Está en un estado de parálisis progresiva; si no se revierte, tendrá un colapso cardiológico de un momento a otro. El médico dice que le han introducido curare en la boca.
--¡Lavado de estómago y que le administren neostigmina! Dice que hemos llegado a tiempo.
--¿Hay cámaras en esta habitación? Pregunto.
La respuesta es negativa…
—¡A partir de ahora… Que no pase nadie… ¡Nadie! ¿O me tengo que quedar yo aquí? Irma tiene la capacidad de teatralizar mientras está tranquila y va pensando; ponerse nerviosa no sirve para nada. --Blai, vamos a ver la puerta que habéis descubierto… ¿Estaba dibujada en algún sitio? Otra vez el FAC UT VIA SIT. Alguien, o es muy inteligente o está jugando con la historia. Blai dice que es un mensaje como el del señor de la guerra, Aznar: “El que puede hacer, que haga”, que en latín suena más intelectual: QUIT POTEST, FACIAT, pero no casa con la soberbia del Dux Belli, que va de enviado de los dioses del dinero; eso dice Blai y le añade que le quita el hipo al más pintado con su rictus indescifrable y deshumanizado.
Qué lista la Blasa, utiliza curare para no matar directamente, solo desencadenar colapso en el corazón, y eso es muy difícil de probar en caso de muerte. Menos mal que leí una novela titulada “Blasa” hace dos años y me ha abierto los ojos con toda esta trama. ¿Qué querrá Blasa por aquí?
La puerta que han descubierto es muy estrecha, metálica y con múltiples cerrojos y dos cerraduras. Le digo a Pepe Aznar que la abra. Lo intenta, pero no lo consigue ni a la primera ni a la segunda ni a la tercera; dice que hay un mecanismo con vasos comunicantes con mercurio; esperemos que no explote como la vez anterior cuando el artificiero que perdió un ojo en el lance, aunque salió libre de la cárcel por eso. Pepe dice que deberían ver si hay algún pasadizo más o si se puede acceder por el otro lado, desde la casa de Obispo, la del otro lado de la calle, o desde la sacristía de la capilla de la virgen, porque el subsuelo está lleno de pasadizos.
Cristina, la madre de los dos niños y amante de Casimiro ha pedido declarar, hasta ahora no había hablado, es sobrina de uno de los canónicos fallecidos y puede saber cosas.
Esto parece un galimatías, pero no, es un querer salvarse todo a la vez. Los de Castellón y los cinco canónigos no dicen nada, pero ya irán hablando, a no tardar demasiado. Cuando uno habla, se produce un efecto dominó.
*B.M.*

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