*Viaje raudo*


Mil y una penurias, una distancia descomunal, tramos con carreteras pésimas; el camión era de los más largos que había conducido nunca, hielo en la calzada y pasos estrechos hasta llegar a destino; durmiendo poco y mal, porque había que entregar en un tiempo cortísimo. 
El barco que cargaría la mercancía partía del puerto sin esperar a nadie. La maniobra de enganche de la cabeza tractora al remolque, la hizo el Vista de la zona franca de la aduana de Odessa, le entregaron la documentación y salió raudo, llevando dinero de mano para pagar las posibles multas por el camino. 
La sensación de ir bien la achacaba a su pericia en la conducción de vehículos pesados. En el paso del puerto Bartoish, que hubo que pasar obligatoriamente por estar cerrado por obras el túnel en Austria, estuvo a punto de salirse dos veces de la carretera por el fuerte viento. 
Las horas se consumían, el tiempo volaba y aumentaba el nerviosismo y el barro mezclado con hielo dificultaba sobremanera el avance del voluminoso convoy en esa complicada zona. 
Dos llamadas de teléfono, que no respondió por centrarse en la carretera y al final llegó al puerto con media hora de anticipación. En la zona de entrega firmó los papeles de embarque y le dieron un sobre con la prima por cumplimiento de tiempos. Todo había salido bien. 
 
Sentado en la cafetería, tomando un café largo, miró el teléfono, recordó las dos llamadas y las devolvió. 
“Vuelve, la carga para ese destino está en el otro remolque “… decía la voz… 

 *B.M.* 

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