*Un funeral y dos bodas*


 Cuando fui pequeño, hace unos veinticuatro mil días, creo que yo no tenía ambiciones, todo me daba un poco igual, bien que me hablaras de política o de bebidas, bien que me hablaras de religión o de comidas. Yo era un pasota integral. Las cosas a miles de días vista se relativizan una enormidad; yo con el tiempo ya no tengo escalofríos por sentimiento alguno hacia novias que pasaron y no se quedaron. Todos han hecho su vida y han tenido hijos con quienes no debieron y dejaron de tenerlos con los que debieron haberlo hecho. La vida ha seguido y el color de la Coca-Cola es el que es porque le ponen el colorante adecuado; si hubieran metido extracto de cochinilla, sería rojo y entonces el envase sería marrón o vete tú a saber… La etapa zangolotina ya la pasamos la mayoría de los de mi edad; han quedado unos pocos rezagados para general escarmiento y escarnio, sin que hagamos mofa o befa de ellos, por compasión y respeto. Las canas están ahí para algo más que para peinarlas y presumir. Una de las sensaciones más raras que he sentido nunca fue aquel día en Kartúm, en el que fui en el espacio de tiempo de unas ocho horas a un funeral y a dos bodas. No recuerdo el rito por el que se celebraba aquello, pero en el funeral todo el mundo cantaba y bailaba, bailaban y bebían una bebida roja con hielo que yo no probé y que a los tres días había compañeros míos con malaria y fuentes de evacuación líquida cual cataratas Victoria. Las bodas fueron seguidas, una a continuación de la otra; recuerdo que había centenares de personas con sus mejores vestidos, aquello parecía un carnaval, y todos comiendo un plato único, con muchas cosas raras en él, y recuerdo que la hermana de la novia de la segunda boda estaba empeñada en que le tocara el trasero, que allí lo tienen abundante y, si te fijabas bien, te dabas cuenta de que se podía apoyar el plato para comer encima, dado que sobresale de forma muy contundente. El día fue muy agotador y el final no lo recuerdo demasiado bien… Tal vez sea mejor así; ya han pasado unos miles de días… 

 No sé por qué he contado esto… Pero ahí queda…Son recuerdos al fin y a la postre… 

 *B.M.*

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