*Hoy no iba a escribir*
Ningún día he dejado de escribir, ninguno, pero hoy que lo iba a hacer, a propósito, no he podido hacerlo y he tenido que escribir, y estoy en ello, y veo que a mi lado, a mi derecha, está ocupando parte del sofá una cosa que no es humana; es una masa como de apariencia terrosa, pero se le ve que por debajo de la tierra tiene piel, como de tubérculo, aunque yo soy poco labriego y no sé decir qué clase de vegetal es, o tal vez es un ser mutante y es animal, no lo sé.
Sea del reino que sea, ahí está, y estoy intuyendo una mirada y una cierta vibración como si fuera un ronroneo gatuno. No oso tocarlo porque ya estoy medio dormido, debido a que tengo una vecina que es alcohólica y se emborracha a media tarde, y duerme mal, y se levanta de la cama por la noche y choca con sillas y muebles y a veces creo que se cae, aunque no le ha ido quejarse nunca, y esa vecina, a quien le deseo, a veces, que la lleven los demonios malos, porque demonios buenos también los hay, y son mayoría, es la que me despierta y me procura una hora de duermevela hasta que Morfeo me acoge de nuevo en sus brazos. Yo siempre he deseado que Morfeo fuera mujer de brazos torneados y pechos turgentes, pero Zeus nunca me hizo caso.
A la vecina le deseo malos despertares y resacas ácidas, saladas y ferruginosas, con algún que otro cólico nefrítico, a pesar de que durante esa hora en que me hace estar despierto, me sirve para hacer discursos, unos días en francés, otros en inglés, y así va avanzando la vida mientras llega la Navidad, como cada año, porque esto no para... O eso creo yo.
*B.M.*

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