*Brigitte Bardot*


 Casi nunca tengo frío en estas latitudes; el frío es mi aliado porque lo soporto bien, al contrario que el calor. En casa, en muy muy raras ocasiones, en invierno, que aquí es corto, enciendo la calefacción; prefiero taparme. 

Por la mañana, al despertarme, cuando a la hora temprana que quiere me despierta Ginny, mi gata, que no soporta que yo esté en una habitación donde no la dejo entrar, ella rasca en la puerta y yo automáticamente miro la temperatura en el teléfono: 10 °C en la calle, en casa unos 17, me gusta. Después voy a abrir una aplicación en el teléfono que me pide identificación por la cara y el teléfono no me reconoce y pienso. ¿Tan mal voy envejeciendo? Yo no lo sé, pero tampoco me importa mucho, después de ver las fotos de Brigitte Bardot que he seleccionado para enseñar en clase de francés, donde voy a hablarles de BB, que era una diosa en su etapa juvenil y madura y ahora, a los 92 años, los que la conocimos entonces, aún vemos lo que fue y que ahora continúa siendo en su majestuosidad extraordinaria de señora libre. Es dueña de una fundación que ayuda a los animales, y sé por experiencia propia que ayuda de verdad. Cada etapa en la vida tiene su valor. 
Ahora caigo en que de mí se suele decir que soy antipático y me da igual, porque no lo soy; soy sincero las más de las veces y eso molesta. 

Para catalogar a un león o a un ratón, la anatomía te ayuda mucho. Una persona, si no la conoces bien, es mejor esperar antes de evaluarla o dejarla ir y perderte vivencias y enseñanzas que lleva en su mochila y que las dejas pasar de largo, por cazurro. 

 *B.M.*

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