*Regalo mayor*


Yo tuve, después de recopilar durante años regalos y compras, tuve, digo, una cierta cantidad de oro, en cadenas, reloj, pulseras y sortijas, porque, puedes llamarme como quieras, pero los regalos hechos entre novios, varios, cuando hubo separación de por medio, los abalorios se iban del lado del hacedor del regalamiento, lo digo de esta manera, porque la RAE me dice que “regalante“  no existe como tal, que no sé por qué no, porque si firmante es el que firma, regalante, debería ser el que regala, no les entiendo a estos tiesos señores que admiten “almóndiga“, que ya les vale, y una acción de un verbo, como regalar igual a regalante, les parece inacostumbrado. 
Volviendo al oro inicial, estoy contando que  reuní una pequeña cantidad, unos 330 g todos de 24 quilates. Como eran un engorro llevar aquello encima, por el peligro de que te robaran, y al no saber bien dónde esconderlo en casa, ante los tres o cuatro traslados de vivienda que hice, decidí venderlo a un amigo que tenía en Burriana una fábrica de joyería. 
 Fuimos, lo pesó y me dio el dinero, contante y sonante. Es curioso ver cómo se funde el oro, como adquiere ese tono rojizo y se vuelve líquido y después se consolida en una masa amarillenta, por la que se ha robado, matado, satrapatizado, violado y engañado, sin miramiento alguno, por mano de emperadores, reyes, sultanes, emires y obispos y clero variado. 

 Ahora estoy relajado, sesteando, son las 13.30 me he levantado a las 5.30 y veo en la tele, sin mirar con fijeza, como un león mata a unos leones pequeñitos que parecen de juguete, los mata para poder copular con la leona otra vez, y pienso en los ciclos de la vida, que es cruel y sin sentido muchas veces, y pienso aún más en que el oro que yo vendí en Burriana, ahora estará en posesión de alguien que no declara a Hacienda y lo compró en B, o bien se transformaría en sortijas y pendientes, que tal vez sean lucidos en fiestas y saraos, para continuar el ciclo de los regalos caros, que alimentan el alma de abuelos padres y padrinos, cuando hacen su regalo mayor a hijos, nietos y sobrinos, que nunca sabrán que ese oro fue mío… 

 *B.M.* 

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