*Las ratas*


Andaba yo por el corral de aquella casa grande en la que vivíamos, no tendría yo más de diez años, andaba sin camiseta, era verano y hacía calor, en mi casa no éramos mucho de andar sin camiseta. 
 El corral estaba lleno de macetas con plantas de todo tipo, incluso una con hierba de gatos, porque teníamos gatos, varios, para prevenir la presencia de ratones y bichos de la familia de los múridos. Nunca me han gustado esos roedores y por eso he amado y amo a los felinos; ahora tengo dos gatas, casi por la misma razón de antaño. Andaba desnudo yo de ombligo hacia arriba, jugando a cualquier cosa, y por detrás de mí, un hermano que tenía, jugaba con un gatito ínfimo, que tenía de todo lo que la naturaleza dota a los gatos, ojos, pelo, dientes, cola y uñas, son bonitos los gatos, a mí me gustan, el cerebro de aquel hermano se inclinó a hacer una gracia y me tiró el gato que abrió sus patitas, y, dejando a la vista, las uñas, pequeñas garras afiladas, las clavó en mi espalda, quedando adosado, el pobre gato, a mí, y yo doliente presa. A aquel hermano lo salvó mi madre, de una muerte cruenta, y yo quedé marcado y lleno de mercromina. Cosas de la niñez. Después he visto que los felinos son lo que son, y nos han adoptado. Yo me aprovecho de su presencia para no pensar en múridos, pero ya de mayor me interesé por su función en la tierra y parece ser que excepto que son ladrones de cosechas y transmisores de muchas enfermedades, en el global son beneficiosos porque expanden semillas y airean la tierra con las galerías que excavan para vivir. Me quedé de piedra, pero le sigo teniendo asco y no los soporto cerca. Es creíble, porque me pasó a mí, que cierta vez tuve la oportunidad de ir a la India y renuncié después de preparar el viaje que era a Rajastán en un sitio llamado Desnoke, donde está el “Templo de las ratas”, que son veneradas, porque dicen allí que son la reencarnación de los devotos de la diosa Karin Mata. No fui. No fui, y lo cambié por México. 

Ayer, 29 de octubre, fue el aniversario de la maldita Dana. Hubo un funeral, tardío, y en el que mezclaron a los verdugos con las víctimas. El que mandaba aquel día de la Dana en la Generalitat y que se sabe que estuvo de farra ese día, estuvo en el funeral, y en la boca de los que relataron el acontecimiento, dicen que estuvo agazapado, como una rata negra, él sabe que ha emponzoñado y amargado la vida de más de 200 familias. No debería de haber estado, pero estuvo, por razones de contabilidad de votos de su partido. Los familiares de las víctimas le dijeron todo lo que quisieron, y alguien le dijo “Rata inmunda“, algo más que eso es, porque las ratas, incluso las más horrendas, no suelen ir al funeral de sus víctimas. 

 (Y no olvidemos a Sudán) 

 *B.M.* 

Comentarios

Entradas populares de este blog

*Hermano*

*El Madrigal, el nostre troç*

*Viaje eclesiástico*