*Aparentar*


 Aun después de los años admiro a mi caballo y le amo. Le admiro por la facilidad que tiene de ser caballo, sin artificios, solo caballo. 

 No debe ser fácil para alguien como yo ser caballo, pero para él eso está hecho, sin darse cuenta, sin proponérselo. Le sale así, es un caballo con todas las de la ley, si hubiera una ley para medir eso. Cuando hablo de mi caballo, me refiero a Salvaje que así lo domé. Si domar un caballo significa dejarlo ser caballo. 
 Él también me quería, yo lo veía en sus enormes ojos y en la delicadeza en los lances cuando pudo tirarme y no lo hizo. 
 Tuve otros caballos, pero ya tenían artificio, doma clásica, doma vaquera, de rejoneo, pero yo elijo a Salvaje siempre. Si eres humano, te coartan, no te dejan ser humano a secas, como caballo a secas era Salvaje. 
 Mi tía Concha, cuando yo era pequeño, me decía, y decía a los demás: Pepito, será lo que quiera ser… Mi tía era estudiada y había servido en una casa noble en Barcelona, allá por 1920, y se trajo protocolos y saber hacer en comedor y cocina. Creo que eran condes o algo así sus amos, ella decía amos a aquella gente adinerada. Sin artificios, Concha era una señora. Y yo, Pepito, que podría llegar a ser lo que quisiera, me preguntaba si no era yo ya algo, un proyecto de hombre, por ejemplo. Después me di cuenta de que me faltaba la doma, clásica, vaquera, de rejoneo o natural, la de mi Salvaje querido. 
 Ahora doy el pego en algunos aspectos, en otros ya quisiera yo y no lo logro. Por cerrar esto, diré que doy el pego porque soy, en mi interior, un gran actor, y hago como que sé cosas y la gente se lo cree. Por poner un ejemplo, hago como que hablo francés o inglés y se lo creen, no lo entiendo, en el fondo, no sé cómo pasa eso. 

 *B.M.*

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