*El pañuelo de Pavarotti*
Hay mañanas que, cuando me despierto por segunda o tercera vez, el cuerpo me pide a Luciano Pavarotti en Caruso.
La relación con Luciano me viene de antiguo, es para mí un privilegio escucharle. Le conozco desde hace 30 años, cuando le vi seis veces en tres días en el Barbican en Londres. Ensayos y actuaciones. Yo entraba gratis, gracias a mi amiga Rosa, una murciana vivaracha que trabajaba allí de aposentadora. No te puedes imaginar el mando que tiene una aposentadora en el Barbican.
Pavarotti murió hace 17 años y nueve días, pero para mí está vivo y me canta exclusivamente en directo, en un directo en el que veo sus ojitos achinados y su porte y su humanidad. Caruso lo canta en siciliano, pero yo amo su voz y la letra no me acaba de importar. Cuando me canta, estamos solos él, yo, mis gatas y la luna.
Hoy, por la nostalgia de su marcha, a otra sala de cine a ver, seguramente Manuale d‘amore, donde Mónica Bellucci, que nos gusta a los dos, hace de Lucía, de la que se enamora locamente su fisioterapeuta. ¡¿Y quién no!?
Solo es un dato, sin envidias.
Lo que te quería contar es que tengo un pañuelo de Luciano, de esos que llevaba en la mano para secar su sudor. Que Luciano sudaba mucho, ya lo sabes. El pañuelo lleva bordado en azul cielo, las letras LP y lo guardo, tal cual, sin lavar, ya está tomando un tono de viejo, casi como yo.
Un día, este invierno, me lo pondré para ir a clase y al final se lo diré a alguien que creo que también le gusta Pavarotti tanto como a mí me gusta...
*B.M.*

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