*La rata de Hatshepsut*


Mi relación con los múridos ha sido muy mala desde que yo conozco a esos bichos. He tenido una primera etapa en las que no podía ver ni una fotografía ni una película y mucho menos su presencia física. Me daba aprensión hasta pasar la hoja del libro donde estuvieran fotografiadas esas alimañas. No sé la razón, pero ahí ha estado de por vida. 
Últimamente, con la acumulación de años en mi haber, parece que se ha relajado esa crispación, que era patente, y ahora sin goce alguno puedo mirar de lejos esas imágenes. 
 Voy a contar un hecho que me ocurrió hace unos cuantos años con una de esas bestias inmundas. Estaba yo plácidamente, deleitándome del espléndido lugar, por su arquitectura y su historia, imbuido de la sapiencia adquirida a propósito sobre ese enclave, en el Valle de los Reyes, en el KV 60, necrópolis Tebana de la reina-faraón Hatshepsut de la dinastía XVIII. Estando enfrente del templo funerario, que es enorme y a mí me da una sensación de inusitada modernidad, recordé que en Egipto se estrenó Aída en 1871 y ahora, pasados 150 años, se volvió a representar durante seis días ante más de 30.000 personas, en este preciso lugar. Aquí mismo, para atender las necesidades de bebida y evacuaciones corporales de los visitantes, hay instalados bares y servicios. Yo con el calor del mediodía y con sed potente… Vi un anuncio de Calippo de Lima-limón y abrí la puerta del bar, cantina, tienda y me dirigía hacia la nevera que contenía mi helado preferido, cuando del fondo apareció, mirándome fijamente a los ojos, la rata negra más grande que pudo haber conocido el mundo del que yo tenga noticia… De un salto o tres, llegué a la puerta de salida y creyendo que se abría del lado europeo, apertura de precaución y seguridad, no acerté porque se abría al revés y la derribé con gran estruendo, con la suerte de que el cristal no era tal, sino un plástico transparente, con lo que todo quedó en un susto… 
 Bauticé la tumba de Hatshepsut como la “Tumba de la rata”. Hasta hace unos años y en otro viaje ya la llamé por su nombre… Porque Hatshepsut era mucha mujer y mucha faraona y no podía yo rebajarle el título… 
 De todos modos ¿Qué estaría haciendo allí en la zona de los Calippos semejante rata? 
Dejando de un lado la rata… Siempre he pensado que si puedes tocar el horizonte, entonces estás cerca de tu destino… En Egipto a mí me ha dado la sensación de tocar el horizonte, jugando a dibujar la silueta de Keops desde unos ciento y pico de metros de distancia de la puerta de entrada… 

 *B.M.* 

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