*El eucaliptus y el caballo*


 Mi relación con los eucaliptos del paseo Ribalta marcó una época de mi vida, después de los sesenta y cinco años. Cada día iba a un árbol determinado. Después de pasar por varios, elegí uno concreto, yendo de la farola hacia la UJI, el último de la derecha y me abrazaba él abarcando lo que podía de su tronco, la mitad, no más y lo hacía de cara y de espaldas, aseguro con certeza que los cien segundos que permanecía cogido al árbol, me producían una descarga de energía que a veces incluso me mareaba. 

De vez en cuando, si voy a Castellón, voy a verle, por abrazarlo y ver cómo le tratan. Es receptor de meadas, pero eso en la naturaleza no importa. Nunca le puse nombre, no lo consideré oportuno. Y ahora que ya no somos convecinos, le echo de menos. Y donde vivo no hay ni uno en un radio de 2 km a mi alrededor. Por decir la verdad, hay uno que está pegado a una pared a 10 m de la puerta de entrada de la estación del tren, pero es muy difícil llegar a él para abrazarle. Lo han dejado abandonado como al resto de árboles del jardín de Nules. Jardín, que en su momento fue singular, pues recogía variedades únicas de árboles, ilustres algunos. Hoy, por inacción y falta de cuidados y pericia de los encargados, es una ruina de jardín, si es que aún se le puede llamar así. 
 Para abrazar un árbol debe tener un tronco de tamaño de no menos de 350 cm de circunferencia. De los que hay de gran tamaño, aquí, están las palmeras, pero no me gusta abrazarlas porque en su copa anidan ratas y me da mucho asco y repelús… 
 También me gusta abrazar a los caballos, ese potente cuello. Los caballos saben quién eres y la intención que tienes con ellos. Yo he visto en Buckingham Palace, morder a gente que se había acercado al caballo del guardia para fotografiarse, en cambio, a mí es el caballo el que se me acerca y me restriega su potente cabeza y mirándome con esos ojos tan graciosos, me sonríe y me da un beso con su boca, y después me da un empujoncito cariñoso con la testuz. El guardia se queda mirándome curioso, porque no es normal ese tipo de relación… 
 Ese guardia no sabe qué pasa y no entiende que yo fui caballo hace dos o tres vidas atrás… 
Si no me crees es cosa tuya... 

 *B.M.*

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