*La jueza*
—La pregunta es pertinente, se oyó con estruendo, rotundamente. La jueza estaba cabreada ese día porque no le correspondía a ella ese juicio y una orden desde arriba le obligaba a tomar la causa y con ello perdía un viaje de vacaciones que tenía programado a Kenia.
—Conteste, recuerde que es testigo y no puede mentir, le dijo…
Es muy duro ser juez o jueza cuando se tiene ideología y falta vocación de servicio público. Desde su juventud, con su número uno en el CEU, y su potente cuerpo juvenil y atlético, vencía a todos en los encuentros dialécticos que más tarde propiciaron su meteórica carrera.
Aquel juicio le daba ansias, y le repugnaba la situación de tener delante de ella a un abusador que había violado a la joven… No estaba claro que la sentencia iba a ser suficientemente dura para su gusto…
Después de decirle a otro testigo que debía decir la verdad… La jueza, que por privilegio no pasaba por el arco detector de metales… Sacó la Beretta 9 mm Parabellum de casi un kilo de peso, y 217 mm de largo… Y descerrajó un certero tiro que entró por la glabela, la zona sin pelo, entre las dos cejas, y acabó con una penosa existencia…
Nada pudieron hacer los sanitarios, la vida, en ese lugar del cuerpo, desaparece, siempre sin remisión…
Al día siguiente, la gente se preguntaba qué le habría podido pasar por la cabeza a una jueza triunfadora y rebosante de vida.
Con ella se fueron secretos de juicios amañados que en apariencia habían sido resueltos ejemplarmente.
Sic transit gloria mundi…
*B.M.*

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