*Cristobal el de los sabañones*
Esto tampoco tuve ocasión de contarlo hasta hoy… Aún estaba cociéndose…
Cuando estábamos en la escuela, seamos sinceros, ya era raro, aunque no conocíamos a Jordi Pujol ni al Yoda, pero se parecían mucho. Tenía cuerpo de tres cursos menos y las orejas le rozaban las puertas al entrar y salir de clase, a esas orejas apuntábamos con el canutillo del boli Bic, y le enviábamos granos de arroz, que, con gran jolgorio por nuestra parte, daban en los sabañones de sus orejas, con el desagrado del empollón de clase, que siempre fue Cristóbal, al que se le daba bien las mates.
Cristóbal fue el encargado de hacer las rifas para el viaje de fin de curso, y sé por uno que era como su secretario, que hacían trampas y amañaban los resultados y se sacaban pingües beneficios por ello…
Había cosas que no eran fáciles de conseguir en el mercado ordinario de entonces, ni tan siquiera en las farmacias, y Cristóbal se las apañaba y aparecían cremas milagrosas para belleza, condones y medias de cristal, previo pago al contado rabioso.
El maltrato que le dimos todos los años que estuvimos juntos, dio lugar a que se le agriase el carácter, que él quería mostrar como jovial y simpático. Se enguetó, y entrar en su círculo, se hizo cada vez más difícil, y él cada vez tenía más poder… Hasta el punto de todo lo que va, e irá apareciendo y…
¿Ahora vais a hacer, como si os extrañase…? ¿Qué esperabais? Son especialistas. Y lo gordo está por salir… Espérate…
¡Ay, ay… ¡Que la Gürtel va a ser un juego de niños de primaria…!
*B.M.*

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