*Ay, Rayuela*
Cuando por circunstancias diversas: calor, pesadez, agujetas o cualquier anomalía fisiológica, física o intelectual, cuando llega la noche y me desvelo, no me gusta nada esa situación, me intranquiliza, me desasosiega, porque creo que al romper el ciclo de la rutina de mi necesario descanso, descanso, que necesito como el agua, porque cuando no duermo mi cuerpo no funciona debidamente, y por la noche, ya preveo que el día siguiente estará condicionado por esa falta de descanso que merma mis facultades y me aletarga.
Recuerdo que los días de etapa larga en bicicleta, por ejemplo, en una Nules-Morella, que son 130 km, al llegar la noche nunca podía dormir y mi técnica era permanecer quieto en la cama como una momia, aunque estuviera despierto, para que los músculos descansaran lo que pudieran, aunque mi mente continuara pedaleando.
Por similitud con la vida diaria, también mi cabeza deja de funcionar cuando le llegan noticias tendenciosas y como un autómata se dispara mi autoprotección y dejo de mirar la televisión y de leer panfletos pagados por los partidos y me dejo acunar por algún libro que pudiera gustarme o vuelvo a Rayuela, que es un castigo y una liberación al mismo tiempo…
Ay, Rayuela, Rayuela…
*B.M.*

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