*Monarquía*


 Ninguna posibilidad de comunicación con el exterior. Las celdas estaban contiguas y se oía perfectamente el trajinar de pisadas y golpes en las paredes, producto de los traslados de los presos que permanecieron encerrados, para que no se pudieran contaminar sus relatos. 

Doce días de instrucción, doce días encerrados, y un problema de logística hizo que el número seis, no tuviera comida ni bebida en ningún momento. Nadie se percató. 
 Su declaración era esencial, porque los otros cinco le señalaban como el testigo presencial directo, el que había visto cómo mataban al monarca y a su familia. 
 Cuando se dieron cuenta del olvido y abrieron la puerta, ya era tarde. Cosme, el número seis, estaba muerto, tendido en el suelo, en medio de un charco de sangre reseca. Le faltaban los dedos de las manos y de los pies, que habían sido su única comida posible… 
 Una hilera de hormigas hacía su periplo transportando restos hasta su hormiguero. Era el único vestigio de vida en la celda. 

No se pudo incriminar a los asesinos y el pueblo se libró de los Borbones, y se erradicó la monarquía para siempre… Era previsible… Ante tanta mediocridad en esos genes… 

 *B.M.*

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