*Cartas de amor*


Baudelaire decía que la inspiración no existe, después lo refrendó Cela, apoyando su posición en que era el trabajo, el que hacía esa función, dado que  si estás sentado ocho o diez horas escribiendo, muy burro tienes que ser para que no te salga algo que valga la pena, o bien déjalo en paz, y haz otra cosa que no sea escribir… Porque eso no es lo tuyo.  

Por eso, con tiempo y trabajo, a falta de inspiración, cuento lo que voy a contar: 
En la plaza de Santo Domingo, en CDMX, donde se puede pedir la redacción de una carta o que te lean algo los escribanos, cuando no te manejas bien en el mundo de las letras…
 Yo, estando allí, atendí a un joven y lo llené, porque así me le pidió el corazón, de mentiras y embustes gordos… 
 Traía el joven, de unos treinta años, una vestimenta que denotaba su procedencia rural, con escasez de ingresos por lo raída que aparecía y unas alpargatas mal cosidas y medio rotas… Su semblante era de apariencia enfermiza y hablaba con voz queda, como si temiera que le oyeran. Traía en mano, dos sobres y me los dió, quería que le leyera el contenido de ambos, y que a continuación, escribiera una carta para su novia. Me explicó que estaba prometido y quería fijar en esa carta la fecha de casamiento, ya que aún tardaría en verla cuatro meses y que por eso quería hacérselo saber por escrito… Donde ella estaba, no había teléfono. Era imposible hablar. 
Me senté en aquella desvencijada silla, la del cubículo número 44, que me había correspondido ese día, y abrí el primer sobre al azar, y el azar quiso que el contenido fuera el dictamen médico del joven, y así decía: 

 Realizadas las pruebas de imagen para confirmar los marcadores, el TAC y el PET y la Gammagrafía ósea, debemos confirmar y confirmamos, cáncer de pulmón, en ambas partes, con metástasis diseminada en estadio IV, por lo que se sugiere una solución paliativa, dado que la esperanza de vida es de un mes aproximadamente. 
 En el caso de que usted lo permita, intentaremos aplicar los últimos avances, para remedio de su enfermedad, con la finalidad de ver los resultados y avances que podamos aportar a futuros pacientes…
 Firmado: el equipo médico. 

 Me puse las gafas de sol, en la plaza el sol cae fuerte a esa hora, pero me las puse, para que no me delataran mis ojos, lo que había leído… 
 Pensé, en un segundo, y le dije al joven: Raimundo, así se llamaba, como es la hora de comer, vaya usted y vuelvan en dos horas y tendré preparada la la carta y le leeré todo… ¿De acuerdo? El chico asintió y marchó… Se le veía fatigado y yo sabía el porqué… 
 Me hundí en los pensamientos más horrendos que la vida pueda darte a probar, aunque no sea tu suerte la que se dilucida… 
 ¿Qué hacer? 
Abrí el otro sobre… La carta de Aurora, la novia.

 La carta decía: 
 Estimado Raimundo: 
Después del tiempo que nos conocemos, he llegado a la conclusión de que no podríamos ser felices, te doy las gracias por haberme respetado, eres un buen hombre. Te tengo en gran aprecio. 
 He conocido a Raúl, el vecino de la casa de tus padres y nos hemos enamorado, por lo que quisiera que quedáramos como amigos. Después del verano nos vamos a casar y si quieres, puedes venir a la boda, me sentiría muy honrada…
 Gracias por tu bondad… 
 Tu amiga… Aurora. 

 Y pensé y pensé y escribí la carta para Aurora, la chica, la novia. 

 A las cuatro de la tarde volvió Raimundo, aún con peor semblante… Se sentó delante de mí, y le leí el dictamen médico, cuyo texto yo había sustituido por otro, que decía: 
 
Realizadas las pruebas pertinentes, le comunicamos que su estado de salud es excelente, aunque tiene un brote de neumonía, ligera, que le puede ocasionar dificultades al respirar. 
 Raimundo hacía mejor cara al oír el diagnóstico y entonces le leí la carta de Aurora que después de hacer unos cambios, decía: 
 Estimado Raimundo: 
He sido muy feliz contigo y me gustaría que dentro de cuatro meses cuando vuelvas al pueblo, pongamos fecha para unirnos en matrimonio, tal como una vez insinuaste antes de marchar a la capital. 
Espero que tengas el mismo deseo que yo… 
Te quiere… Aurora. 

 La carta que escribí de Raimundo para Aurora decía: 
 Estimada Aurora: 
 Siento tener que decirte que mi intención contigo no ha sido sincera y en realidad no quiero continuar como pareja. Estoy saliendo con una chica aquí en la capital y vamos a formalizar nuestro compromiso. Te agradezco tu compañía y tu cariño en el tiempo pasado juntos. Gracias por todo… 
Que seas feliz. 
 Raimundo. 

 A Raimundo le dije que la carta para Aurora decía así: 
 Querida Aurora: 
 Estoy impaciente porque pase rápidamente el tiempo para volver al pueblo y quedarme toda mi vida a tu lado. Te quiero como a nada he querido y espero poder hacerte feliz, tanto como yo lo soy ahora y como imagino será nuestro futuro con hijos y felicidad inmensa. 
 Te quiere, Raimundo. 

 Leí a Raimundo lo que él quería oír… 
A Aurora le envíe la carta de despedida… 

 Haciendo de tripas corazón, me llevé a Raimundo a la taberna de la Lola y bebimos tequila para celebrar las buenas nuevas, que él quería oír…

 Yo, ya pediré perdón alguna vez.
Emborraché a Raimundo y lo dejé en el bar a las tantas de la noche y me llevé el diagnóstico y las cartas falsas. Pero si envié la de despedida… Era lo mínimo que podía hacer por aquella desgraciada pareja… 

 *B.M.* 

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