*Agorilamiento*
Durante las primeras semanas de su vida, los camaleoncitos asistían a las clases que impartía su tío Lorenzo, que había viajado mucho por el mundo, en avión, porque fue mascota del hijo del rey de Eritrea. Ahora vivía plácidamente en Asmara y era famoso por hablar diversos idiomas y otras cualidades intrínsecas.
Los pequeños camaleones eran revoltosos y su tío ponía orden, dándoles a entender su estado de ánimo, cambiando de color cuál semáforo africano. En las seis semanas que duraba el stage, el centro de motivación era, naturalmente, desarrollar la facultad del camaleón, el cambio cromático que traía en los genes, aunque ya un poco aletargada.
El tío Lorenzo era hábil en su labor, inculcándoles su destreza. Al final de las semanas, ya eran duchos en la realización de cambios, al punto de, sin tener que mimetizar el color del entorno, solo por la voz, al oír una noticia en la tele o a una persona, hablando cerca, cambiaban su aspecto del rosa al amarillo y del añil al rojo sangre, como quien abre y cierra los ojos automáticamente.
A Lorencito, sobrino preferido del tío Lorenzo, le cupo, en suerte, ser mascota de un aristócrata español y allí marchó a vivir… En Lora del Río, en un chalet, pero el bichito se puso enfermo, había cogido algún mal porque se tornó de color rojo carmesí y no cambiaba a ningún otro color de la paleta cromática del Pantone.
Una urraca, la señora Petra, amiga de Lorencito, descubrió el motivo… Y era que un vecino de ese chalet era alguien llamado Felipe González, que dicen que fue alguien en su tiempo, y Lorencito, al oír su desagradable voz y una charlatanería fuera de tiempo y de lógica, reaccionaba tan malamente, que solo volvía a la normalidad, cambiando de provincia, estando lejos de él, cuando marchaba a Estepona por vacaciones…
Muerto, el perro se acabó la rabia…
Que se calle el ególatra, nuevo rico, votante extremo, derecho… Que calle para bien de todos… Sobre todo de Lorencito, el pobre animalito, que, siendo una especie pura y simple, no soporta el agorilamiento físico y mental, de quien puedo hacer y cambió de bando por un puñado de dólares, cargos y empresas.
Nunca creí que los camaleones nos enseñaran tanto…
*B.M.*

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