*Cajamar=Prepotencia*


 Al señor Ramón me lo he encontrado en la Plaza Mayor, ya tiene ochenta años, es un buen hombre, respetable y respetado, con opiniones de todo tipo, fundamentadas en cuidadas lecturas y análisis concienzudos; tuvo estudios medios en su época, y no le conozco enemigos, pero sí multitud de amigos. Está triste, triste, con ojos de haber llorado, me he dado cuenta y no he dicho nada, solo un saludo cariñoso: 

 -¿Cómo está Sr. Ramón? 

 -Bien, ha carraspeado. 

He notado que algo no iba bien. 

-Le debo un cortado descafeinado, que el otro día me invitó usted… 

Ha aceptado, porque quería desahogarse conmigo… Hemos ido al bar de la Sociedad Musical y nos hemos sentado. 

-¿Qué hay de nuevo? Le he dicho. 

-De todo un poco. Estoy muy nervioso. Me ha dicho. He ido a Cajamar, tengo mis cuentas allí, no son potentes, pero son las mías, y me han tratado mal, no es la primera ni la segunda vez, he sido tratado con altanería, casi burlándose de mi falta de conocimientos de informática de última generación, no lo hacen bien, no están capacitados, aunque publicitan todo tipo de ayuda a los mayores, y no es verdad. Ni un ápice de empatía de ninguna de las cuatro personas que trabajan allí. 

El trato de la Banca a los clientes es el termómetro del cuidado del sistema prepotente y despiadado, que hace poco rescatamos entre todos de la quiebra, y que solo en España de toda Europa no han devuelto ni un €. Están subiditos y los puestos directivos de alto nivel están acaparados por infames políticos que trepan atravesando las puertas giratorias. 

 

-No puedo sino darle la razón, Sr. Ramón, tendremos que aprender a intentar prescindir de ellos. 

 -Tendremos. ¿Puedes escribir de esto?

 -Puedo.


 *B.M.*


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